Relatos 2020: Víctor M. Valenzuela con "Crónicas de la Resistencia: Maestro de armas"

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  Relatos 2020

Crónicas de la Resistencia: Maestro de armas.

por Víctor M. Valenzuela

Basado en el mundo de su novela "La guerra de los imperfectos"

 

Mi nombre no importa, puede que sepas quién soy. Tal vez me hayas leído antes o quién sabe si hemos llegado a combatir juntos. Lo que realmente interesa es que nuestra causa sigue viva, que los Imperfectos continuamos luchando y que sí, todo lo que has oído sobre la mítica pareja de la Resistencia es cierto. Lo sé muy bien pues los conocí personalmente y por más que la propaganda enemiga insista que son apenas dos figuras de leyenda ellos lucharon contra las tropas de los Homo+ y los vencieron. Así que hay esperanza, sí se puede aunque el precio a pagar sea muy alto siempre valdrá la pena pues está en juego nuestro  futuro ros y el de nuestros descendientes.

Puede que hayas leído las notas de Diego, o visto los tutoriales tácticos de Margarita. Siendo modesto es posible que hayas leído mis torpes trascripciones de los hechos. Sé que vives recluido en los búnkers y desconfías del exterior y de las noticias que te llegan, pero también sé que confías en tus camaradas de armas y puedes confiar en mí aunque no me conozcas personalmente. Soy un combatiente como tú aunque no empuñe armas y este detrás de las pantallas de la red clandestina, pero me entrenaron los mejores. Por mis neuronas retumban las enseñanzas de Margarita y de Diego y es mi deber continuar con la lucha, pero permíteme que amenice tu encierro con una historia real. Ocurrió en uno de los refugios e ilustran perfectamente lo que deseo trasmitiros.

 —Te digo que son una puta leyenda… Propaganda barata de la red de Inteligencia… Sin contar que eso de que hay una Homo+ rebelde que nos ayuda desde hace ni se sabe no se lo cree nadie. Son patrañas para niños —comentó un soldado sentado en la gran mesa de la sala común del refugio.

—Es todo verdad…

—¿Y tú que sabrás? Solo eres un niñato que todo lo que sabe de los combates lo ves en las pantallas —retrucó de malas manera el soldado, parecía molesto por algo, o puede que volviese de alguna misión difícil.

—¿No sabes quiénes son, verdad? —comentó la comandante de la unidad, una mujer de mediana edad, curtida en mil escaramuzas. Había visto demasiadas cosas y los traumas se le acumulaban aunque conseguía mantenerse cuerda a base de una fuerza de voluntad inquebrantable.

—Ni lo sé ni me importa… ¿Qué más da? Es solo uno más de los estirados que de vez en cuando aparecen por los refugios. No tiene pinta de haber empuñado un fusil de asalto en su puta vida.

—El mayor es Ramón, uno de los tres miembros del triunvirato de Inteligencia —comentó la enlace de Inteligencia del refugio  después de un largo suspiro, era una chica muy joven recién salida del entrenamiento. Tenía unas ojeras enormes, dormía lo indispensable pues pasaba cada momento libre estudiando los manuales de operaciones y viendo tutoriales de insurgencia.

—Sí claro y yo me lo creo, un director de Inteligencia en este antro.

—Es un verdadero alivio que solo unos pocos me reconozcáis. Me evitará muchos problemas si sois tan estúpidos como para dejaros atrapar. Y tú no pareces muy listo, especialmente si tampoco sabes quién es él —comentó Ramón con una sonrisa irónica, haciendo un gesto hacia el chico joven que afirmaba categóricamente que todo era cierto. Se acercó a la mesa y se sentó después que la comandante se hiciera a un lado para dejarle sitio en el corrido banco metálico.

—Muestre respeto soldado —intervino la comandante del escuadrón, perdiendo la paciencia  —. Es realmente un pez gordo de Inteligencia y ese al que has llamado niñato es uno de los mejores analistas de inteligencia, las misiones que lideran son las más exitosas de la Resistencia. Y si fueras lo bastante bueno como para formar parte de un escuadrón de elite ya te habría tocado trabajar bajo sus órdenes. Ese joven es Enrique, se unió a la resistencia siendo un niño y efectivamente  estuvo bajo la tutela de Margarita y de Diego.

—Permiso para hablar —dijo en tono formal una joven cabo, tenía un profundo corte en la mejilla derecha y todavía conservaba algunos puntos.

—No es necesario tanta formalidad, cabo. Estamos de permiso y en las guaridas todos somos camaradas —se apresuró a decir Ramón.

—¿Es cierto todo eso que dicen que Diego tiene el coeficiente intelectual más alto del país y que Margarita es capaz de derrotar a un soldado de élite con las manos desnudas? —preguntó a trompicones  la cabo visiblemente excitada.

—Lo primero dudo mucho que sea cierto, Diego es inteligente pero su verdadero don en el conocimiento y saber sacar partido a ese conocimiento. De lo segundo, eso sí es cierto y yo mismo la he visto hacerlo —contestó Enrique.

—Pero… pero… Sí son tan buenos ¿Dónde están ahora? No entiendo porque no siguen en la lucha —preguntó otro soldado, un veterano sargento mayor especialista en mantenimiento y reparación de armamento

—Se han tomado un tiempo sabático absolutamente necesario —contestó Enrique sentándose al lado de la cabo, la muchacha lo miró con admiración, luego se ruborizó y bajo la mirada al caer en cuenta que estaba ante una leyenda viva de la Resistencia.

—¿Algo más necesario que la Resistencia? —preguntó el sargento con aire confundido.

—Sí. Están ayudando a construir un futuro. Han tenido una hija y obviamente tienen que estar fuera de la acción hasta que la criatura crezca un poco —contestó Ramón con una sonrisa boba en su rostro al recordar a su ahijada.

—Pero eso va totalmente en contra de las normas. Ya es contraindicado tener relaciones entre nosotros cuanto más tener hijos. Además las drogas de combate bloquean la libido —soltó sin pensarlo el primer soldado.

—No has entendido nada, soldado. En la Resistencia no somos monstruos, si se forman parejas hacemos lo posible, para primero mantenerlo en secreto por si uno es capturado no comprometer al otro y segundo para darles permisos al mismo tiempo y pastillas que vuelven a regular la libido. El amor es la base de la condición humana, la Resistencia jamás va a deshumanizar a sus miembros —explicó Ramón usando su mejor tono académico emulando cuando hablaba a los reclutas durante las clases de instrucción.

—No más de lo necesario… —intervino Enrique —. Las drogas de combate nos deshumanizan temporalmente pero es un precio que debemos pagar, además sin ellas tendríamos un combate totalmente asimétrico contra las tropas de los Homo+ que van hasta las cejas de cosas mucho perores que las nuestras.

—Un momento… ¿Quieres decir que todo lo que cuenta la narrativa esa que corre por la red es verdad? —preguntó la cabo levantándose de un salto de la mesa, dejándose llevar por el entusiasmo.

—Si te refieres a la Guerra de los Imperfectos claro que todo es cierto. No me gusta alardear de ello pero la escribí yo mismo y te garantizo que todo es real —dijo Enrique.

—Entonces ¿Margarita y Diego no son totalmente Imperfectos? Ellos también tienen genes editados… —comentó la cabo dejando atrás los formalismos, había decidido sacar toda la información posible de aquella improvisada reunión.

—¿Algún problema con eso cabo? —preguntó la comandante en un tono más serio de lo que hubiera deseado.

—No, no. Ninguno… Pero es que entonces… Mierda, que no me explico… En realidad lo que quiero decir que es me rompe un poco los esquemas.

—Sí, es un poco chocante, pero si lo miras bien… Lo que hace a los Homo+ unos cabrones no son  las mejoras genéticas, es su llamémoslo cultura. Una cultura esclavista y elitista que viene de mucho antes de la tecnología de la Aceleración, viene de cuando eran simplemente ricos desprovistos de empatía.

 —¿La niña es una Homo+? —volvió a peguntar la cabo.

—No. Tiene las mejoras génicas heredadas de los padres. Creemos que es el inicio  de una nueva generación de humanos mejorados. Humanos mejorados pero libres de los dogmas impuestos por Homo+ —explicó Ramón, era consciente de que todo aquello les debía suponer un poco incongruente. La propia Margarita le costó encajar su verdadera condición cuando finalmente fue consciente de ella.

—¿Cómo se llama? La niña, digo…

—Se llama Lilith, en memoria de la abuela de Dana —explicó Ramón—. Yo soy su padrino —comentó lleno de orgullo no aguantando más guardárselo para sí mismo.

—Ahora que lo pienso…. Dana es una Homo+ y nos ayuda ¿Por qué no empezamos nosotros a tener hijos Homo+? —comentó la comandante después de una larga pausa donde pareció sopesar sus ideas.

—Por pura ética. Los Homo+ necesitan a las mujeres Útero para nacer y eso es abominable, además de las medicinas de por vida y todo eso. O eso o una cuna de clonación, pero eso es muy difícil de conseguir. Lilith ha nacido sin toda esa parafernalia, y su descendencia mantendrá esa carga génica mejorada. Los Homo+ son estériles por diseño, para mantener la hegemonía de la empresa que creó Salazar —contestó Enrique volviendo a sentarse en la mesa con una humeante taza de sucedáneo de café en la mano —¿Alguien más quiere un brebaje de estos?

—¿Entonces volverán? —preguntó con chispas en los ojos el sargento —. Yo los llegué a conocer, hasta ahora no había caído que eran ellos. Pero ahora, haciendo memoria me he acordado del chico enciclopedia y la chica aguda y fuerte como un toro. Que idiota, solo podían ser ellos y todos estos años solo los recordaba por sus actos, soy un desastre para los nombres.

—Sí, claro que volverán… Y cuando lo hagan los generales de las tropas de los Homo+ correrán a esconderse en sus bunkers y a más de un Homo+ le dará un sincope —dijo dando una fuerte palmada sobre la mesa la comandante —. Os lo garantizo.

—Espere… sargento… ¿Cuándo los conoció exactamente? —preguntó Enrique.

—Hace años… Espera… deja que haga memoria… Ella era una recluta y…

—Cuéntanoslo, por favor…

—Yo estaba en refugio veinte y uno, me habían ascendido de las unidades de operaciones a especialista en armamento. Siempre se me dieron bien las maquinas, mismo siendo civil reparaba cosas. Es una especie de instinto, miro una maquinaria y me imagino como funciona. Todo fue mucho más fácil después de la instrucción. Como suelen decir el conocimiento es poder y vaya si los es…

—Pero hombre, quiere ir al grano… —interrumpió el soldado, estaba más tranquilo pero seguía malhumorado o pude que fuera su manera de reflejar el estrés.

—Tranquilo —intervino Enrique poniendo sobre la mesa la vieja grabadora de Diego y acercándosela al sargento —.Continúe por favor y no te preocupes cuéntalo a tu aire.

—Pues un buen día se presentó un grupo de cuatro operativos, dos tíos ya veteranos,  el chico enciclopedia. No me miréis así... era el mote que tenía en la época, se rumoreaba que había sido bibliotecario y era alucinante pues si no sabía algo siempre parecía conocer dónde encontrar la información. A mi me ayudó un montón, no sé de dónde demonios sacó manuales técnicos y libros que me abrieron los ojos...

—Es cierto Diego fue bibliotecario de los Homo+ antes de unirse a la Resistencia… —explicó Enrique —. Insiste permanentemente que de esta saldremos con la erudición y no con las armas. Las armas solo son para darnos tiempo hasta que volvamos a ser cultos.

—Y estaba ella… Margarita. Morena, ojos negros enormes, se movía como un felino… Hablaba con dulzura pero era capaz de partirle el cuello a cualquiera que se interpusiera en su camino. Todavía no eran conocidos y para mí siempre fueron dos más de los que pasaron por mi armería, con el tiempo me había olvidado de ellos hasta que hoy me los recordasteis. Demonios, como pude olvidarme de Diego… todavía conservo los libros que me dio... Pero claro yo lo llamaba chico enciclopedia y él se limitaba a sonreír, nunca pareció importarle.

—¿Quieres uno de estos? —preguntó Enrique levantando su taza.

—Estaría bien… gracias. Los cuatro se pertrecharon en la armería, yo tenía instrucciones de suministrarle equipo de francotirador a los dos veteranos y equipo de apoyo a Diego y Margarita. Ella se llevó un fusil pesado, no pareció importarle el peso extra ni el retroceso de aquella mala bestia de arma. Nunca supe los detalles de la operación, volvieron todos heridos de mayor o menor importancia, pero luego supimos que habían interceptado la limusina blindada de un Homo+ y acabado con él y toda su escolta. Como consecuencia los persiguieron por media ciudad y estuvieron a punto de caer bajo fuego enemigo en una emboscada en los túneles del viejo metro. En aquella época los Homo+ todavía se creían invulnerables y pensaban que la Resistencia solo era un problema de los soldados que al final de cuentas también son Imperfectos como nosotros.

—He estado repasando los registros —dijo Ramón levantando los ojos de su tableta de campo —He rastreado operaciones contra Homo+ desde el refugio veinte y uno y fue la operación contra el Homo+ encargado en la época de los racionamientos.

—Joder… recuerdo eso… Yo todavía no era oficial… —comentó de repente la comandante —. Ese hijo de puta había matado de hambre a más de cinco mil personas al recortar las cartillas de racionamiento. Fue muy sonado, nunca se divulgó quienes fueron los autores. Los Homo+ tomaron represalias e racionaron aún más las cartillas, pero para cada Homo+ que ponían en el cargo acababa eliminado. Llegó un momento que aunque todos los cargos Homo+ eran simbólicos. Pues ellos jamás se manchan las manos trabajando, ninguno quiso el puesto. Crearon un comité de Imperfectos enchufados, pero que fueron relajando las medidas. Fue un gran pulso, costó muchísimo pero lo conseguimos.

—Pequeñas victorias que costaron vidas pero que salvaron muchas más… —comentó Ramón con sentimientos muy encontrados recordando lo que sentía cada vez que tenía que organizar un operativo en Inteligencia.

—Siento interrumpir —comentó la enlace de Inteligencia —. Órdenes del cuartel general, hay que enviar una patrulla a realizar una operación de distracción al distrito tres. Al mismo tiempo hay que extraer a una médica civil de la Resistencia que ha visto su tapadera comprometida en el distrito uno. Un informante de los Homo+ la ha delatado al enterase que ha asistido a un parto difícil. El objetivo principal es extraer a la doctora, el secundario es eliminar al informante.

—Muy bien. Preparen el equipo —ordenó la comandante.

Y aquí acaba mi pequeña historia y como suelo decir recuerda que esta es la historia de todos nosotros, la epopeya de los humanos normales según la hemos vivido y sufrido, esto es la Guerra de los Imperfectos y es también tu guerra independientemente del bando en el que estés o que creas que estás.

 

Victor M. Valenzuela 04/2020.

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