Relatos 2020: Juanjo de Goya con "Magia Libre"

  Nowevolution  

 (318)    (6)    2

  Relatos 2020

MAGIA LIBRE

 por Juanjo de Goya

  

         ― En unos minutos tendrá lugar la enigmática rueda de prensa que ha emplazado a cientos de periodistas de todo el mundo en la sede central de la EMA. Allí se encuentra en directo nuestra enviada especial, Coraline Johnson. Muy buenos días, Coraline. ¿Se conoce ya el motivo por el que la Administración de Magia ha convocado a los medios internacionales?

      Micrófono en mano, sucediendo a su compañero en plató, una mujer de larga melena negra, ataviada con un ceñido jersey gris de cuello vuelto que definía su esbelta silueta, apareció en pantalla.

      ― Buenos días, Robert. No tenemos ni una sola pista; la causa sigue siendo un misterio. En la sala de conferencias en la que nos encontramos los más de cuatrocientos periodistas acreditados circulan rumores acerca de un posible descubrimiento de suma importancia del Instituto HADA sobre el origen del control de los elementos, pero no hay nada confirmado. Lo único que sabemos a ciencia cierta es que en la rueda de prensa participarán al menos ocho personas, ya que se han dispuesto micrófonos, vasos y botellas de agua para ocho conferenciantes. No hay nombres ni identificaciones, por lo que no podemos determinar quiénes serán. La EMA está dirigiendo el asunto con suma discreción y parece que ha conseguido su propósito, manteniendo el secreto hasta el último momento.

      La imagen volvió a plató, donde el apuesto presentador del informativo, con un traje negro, camisa blanca y corbata, tomó el relevo.

      ― Seguimos la información de cerca y volveremos a dar paso a nuestra compañera Coraline en la sede de la EMA en cuanto haya novedades.

      Sin dejar de mirar el televisor portátil que sujetaba con la mano izquierda, Roy hizo un gesto uniendo los dedos índice y corazón de la mano derecha, simulando una tijera.

      ― Perfecto Cora ―dijo―. Estamos fuera.

      Adam bajó la cámara y se frotó el hombro.

      ― ¿Cuánto falta para la siguiente conexión, Roy?

      Roy era el realizador de exteriores de los informativos de la cadena de televisión Real Vision Network (RVN), un pequeño canal que acaba de lanzarse a la aventura de la televisión por cable en Estados Unidos. Se encargaba del control técnico y de la coordinación entre la unidad móvil y el estudio. Pasaba de los cuarenta, su incipiente calvicie lo demostraba, y estaba considerado como un gran profesional.

      ― Saldremos en cuanto comience esto. Si es que empieza de una puta vez.

      La rueda de prensa discurría ligeramente retrasada. La EMA (European Magic Administration ‘Administración Europea de Magia’) había programado el inicio para las doce del mediodía, pero ya pasaban treinta minutos y ningún portavoz había aparecido para explicar por qué.

      ― Esto es muy raro. Se traen algo gordo entre manos ―dijo Adam mientras anclaba la cámara al trípode fijo―. He grabado muchas ruedas de prensa de la EMA y nunca antes se habían salido del horario estipulado. Son bastante serios con este tipo de cosas.   

      Adam era un operador de cámara relativamente joven, rondaba los treinta y pocos, pero tenía mucha experiencia. Llevaba trabajando desde los dieciocho y había pasado por varias cadenas de televisión antes de llegar a la RVN.

      ― Será una tontería, como siempre. Y espero que no dure mucho. A las dos tendríamos que estar grabando en Hyde Park para salir en el informativo de las tres. ―añadió Roy.

      ― ¿Qué se nos ha perdido allí? ―preguntó Cora mientras jugueteaba con el micrófono, interesada por el siguiente desplazamiento.

      Acostumbraba a salir del estudio sin conocer el plan que la cadena tenía definido para las noticias del día; desconocerlo hacía mucho más ameno y excitante su trabajo. Algunos la tachaban de poco profesional, pero Roy se lo permitía. Era su jefe inmediato, y mientras las conexiones en directo o las grabaciones salieran como Roy quería, no había por qué discutir. Llevaban casi un año trabajando juntos y no habían tenido ningún problema hasta el momento. Pese a que Cora era una recién graduada en Comunicación, y sólo tenía veinticinco años, se desenvolvía como si llevase trabajando en ello toda su vida.

      ― Esta mañana la policía ha reportado un asesinato. Al parecer, alguien al que aún no se ha identificado mató a una corredora ayer, antes de medianoche.

      ― ¿Cómo ha sido?

      ― Magia.

      ― ¿Otro? ¿Cuántos van ya?

      ― Ni se sabe.

      ― ¿Y cómo ha sido?

      ― Le llenaron los pulmones de fuego.

      ― Jesús.

     Tras años de profesión, un periodista terminaba por insensibilizarse ante las noticias más dramáticas y crueles. Era fundamental no implicarse personalmente; de otro modo se perdía laobjetividad. Sin embargo, Coraline aún sufría cuando tenía que cubrir asesinatos. Aunque lamentablemente ocurrían con frecuencia.

      ― Hay mucho loco suelto ―dijo Adam―. El mundo cada vez está peor.

      ― Haremos un par de tomas del lugar exacto. Y a ver si grabamos algunas opiniones. Imagino que se habrán acercado unos cuantos curiosos.  

      La sala de conferencias estaba abarrotada. Las cámaras ocupaban los pasillos laterales y toda la parte de atrás. El pasillo central debía quedar libre para el tránsito. El equipo de RVN contaba con un lugar privilegiado, justo en el centro, con un encuadre perfecto de la alargada mesa colocada sobre una tarima de madera donde se sentarían los conferenciantes que aún no tenían nombre ni rostro. Lo habían conseguido siendo los primeros, o casi, en llegar a la sede de la Administración. Los más de trescientos asientos disponibles estaban ocupados por los periodistas, pero no había para todos y muchos se veían obligados a esperar de pie o agachados. Más de uno había tenido que salir; el ambiente estaba considerablemente cargado y hacía bastante calor. Cora y Roy tenían sus butacas junto a la cámara, centradas y en la parte trasera de la sala, cerca de la puerta.

      ― Mirad, algo ocurre. Parece que ya va a empezar ―dijo Adam.

      Por una entrada lateral próxima a la mesa empezaron a desfilar los que parecían ser los conferenciantes. Encabezando la hilera de cuerpos estaba George Allen, actual Director General de Administración Europea de Magia (EMA).

      ― Empieza a grabar, Adam ―comandó Roy.

      Un fuerte murmullo se extendió por la sala.

      ― Realización, esto se pone en marcha ―Roy se comunicaba con el estudio de la RVN. No tardó en recibir una respuesta―. De acuerdo, marcaré el directo en cuanto comiencen a hablar. 

      ― Dios ―murmuró Adam.

      ― ¿Qué pasa, Adam? ―preguntó Coraline.

      ― ¿Ves a aquel hombre alto y rubio? El segundo por la derecha.

      ― ¿El que camina detrás de Allen? ―murmuró Cora.

      ― Sí. Ese es Ancel Silberschatz, el Director de la Agencia Americana de Magia.

      ― Apuesto por un comercio libre de esencia mágica ―pudo escuchar Cora en boca de un cámara de otra cadena situado junto a Adam.

      ― Y el tercero es Sergey Vasiliev, Director de la Agencia rusa de Magia.

      ― Peces gordos ―musitó Coraline.

      Adam era un fanático de la magia y estaba al tanto de todo lo que se publicaba al respecto. Por eso conocía los nombres y apellidos de esos señores.

      Sobre el escenario aparecieron seis hombres y dos mujeres. En silencio compartido, fueron ocupando los lugares que parecían haber acordado de antemano. Como si se tratase de un uniforme, todos vestían de traje, incluso las mujeres; una de ellas, con falda.

      ― Seguro que van a anunciar la creación de una administración de magia mundial o algo así ―sugirió Adam en voz baja.

      El runrún que se formaba con el cuchicheo de los cientos de periodistas fue desapareciendo una vez que los conferenciantes se acomodaron en sus respectivos lugares.

      ― Listos para el directo ―avisó Roy a través de su intercomunicador en conexión con el estudio.

      Cora retiró el capuchón de su bolígrafo y preparó su manida libreta para tomar notas. A su lado, Roy se perdió en la pantalla del televisor portátil que sujetaba con la mano izquierda. Tras el presentador del informativo se mostraba el logotipo de la EMA, así que parecía que estaban a punto de dar paso en directo a la rueda de prensa.

      ― Muy buenos días. En primer lugar, les pido disculpas por el retraso con el que empezamos.

      George Allen tomó la palabra. En seguida, su voz herrumbrosa, amplificada por los altavoces, cubrió la sala de conferencias y los murmullos más rezagados se apagaron. Todos los objetivos y miradas se posaban en su rostro, caracterizado por una perilla blanca y unas superpobladas cejas que trataba de disimular con unas gafas de montura gruesa de pasta. El traje le quedaba excesivamente justo, pero hábilmente desabrochó el único botón de la chaqueta y su prominente barriga, aunque oculta tras la mesa, se lo agradeció.

      ― Permítanme que les presente a todos los que estamos hoy aquí. A su izquierda, en el extremo, ―dijo estirando su brazo derecho y señalando a un hombre joven y enjuto con los ojos rasgados― Lau Kwan, Presidente de la Administración Nacional de Magia en China. A su lado, Thiago Valadao, Director del Instituto Elemental de Brasil ―el hombre de piel mulata y gafas redondas saludó con un gesto, agachando la cabeza―. A mi derecha tienen a Ancel Silberschatz, Director de la Agencia Americana de Magia.

      «Rubísimo y guapísimo», pensó Cora mientras anotaba su nombre con ciertas complicaciones al toparse con el apellido. Ancel parecía muy joven para ser Director de la Agencia Americana de Magia. Cualquiera dudaría que tuviese más de treinta cinco, aunque en realidad pasaba de los cuarenta. Su rostro era anguloso, con el maxilar y los pómulos bien definidos. Sus ojos proyectaban una mirada severa.

      ― El que les habla es George Allen, Director General de la EMA. Este caballero a mi lado ―dijo, girando la cabeza y estirando su brazo izquierdo en dirección a un hombre de piel pálida, se diría enfermo, casi un fantasma― es Sergey Vasiliev, Director de la Agencia Federal Rusa de Magia. Y el último de los hombres de la mesa es Hideo Tetsuo, Director de la Administración Japonesa de Exploración Mágica.

      ― Joder, va a ser una bomba ―comentó Roy sin perder de vista la pequeña pantalla del televisor portátil―. ¿Qué se traerán entre manos?

      Todos los presentes estaban asombrados. La misteriosa y enigmática rueda de prensa convocada por la EMA tomaba un rumbo que nadie se había esperado. Hasta ahora se conocían determinados acercamientos entre administraciones para abrir rutas de diálogo y establecer pautas para posibles colaboraciones futuras, pero no se tenía constancia alguna de proyectos de gran envergadura en los que estuviesen involucradas las principales agencias de magia. La única excepción era el Instituto HADA, en el que toda administración invertía una parte de su capital. Dicho instituto se dedicaba al estudio de las cualidades mágicas y de las esencias que permitían utilizar los elementos e incuestionablemente vino a la cabeza de muchos de los periodistas asistentes. En la mayoría de los rostros se apreciaba gran expectación. Nadie perdía detalle del desarrollo de la rueda de prensa. Seguramente, las identidades de las dos mujeres que faltaban por presentar arrojarían un poco de luz. Y como ellas eran las dueñas de los únicos rostros que aún no tenían nombre, Allen no se demoró y prosiguió con las presentaciones.

      ― A su izquierda se sienta Joyce Swan Taylor, Fundadora, Presidenta y CEO de la compañía Ad Infinitum.

      No muchos en la sala sabían que Ad Infinitum se dedicaba al desarrollo de la tecnología necesaria para contener la esencia mágica en su estado más puro, durante el preciso momento de su extracción. Los métodos de trabajo y los descubrimientos de esta empresa estadounidense se mantenían en absoluto secreto, y la poca información que se podía encontrar en Internet no revelaba nada esclarecedor.

      Joyce Swan Taylor poseía un elegante cuello que se acentuaba al tener el pelo recogido en una coleta alta en la parte trasera de su cabeza, como de hecho tenía. No era una mujer atractiva y para contrarrestarlo utilizaba excesivo maquillaje.

      Por otro lado, la mujer que estaba sentada a su lado, en el extremo de la mesa, apenas iba maquillada.Sus labios eran carnosos y portaban una mueca difícilmente descifrable; quizá estaba nerviosa. En su rostro ovalado se marcaban las mejillas y brillaban dos ojos de un azul clarísimo. Cuando se pronunció su nombre, se apartó la melena castaña de la cara recogiéndola tras las orejas.

      ― Y, por último, la Doctora Audrey Allaire, miembro del Instituto HADA.

      ― ¿Doctora? Pero si es una niña ―comentó a su compañero el periodista sentado delante de Coraline.

      ― No me suena. Y eso de Ad Infinitum tampoco ―susurró el otro en respuesta.

      George Allen hizo una pausa, deteniéndose a observar los rostros y las expresiones de los presentes. Parecía impaciente por continuar, pero concedió unos segundos a los cuchicheos que se extendían por la sala. Después, respiró hondo y exhaló el aire muy despacio. 

      ― Dentro de tres meses ―comenzó diciendo cuando le pareció oportuno seguir― habrán pasado treinta y cuatro años desde que se descubrieron las esencias y el uso de magia se extendió, un hito sin precedentes en la Historia de la Humanidad. Durante todo este tiempo, muchos se han preguntado por qué no hemos permitido el acceso a la magia al común de la población y por qué solo unos pocos privilegiados se pueden permitir comprar esencias mágicas y utilizarlas a su antojo; incluso se ha llegado a dudar de la existencia de las agencias de regulación ―Allen hizo una nueva pausa, escrutando las caras de los periodistas. Era consciente de que también se encontraban allí representantes de medios escépticos que de tanto en tanto publicaban reportajes tratando de desvirtuar la gestión de las Administraciones―. Como imagino que todos ustedes sabrán, este último año ha habido un incremento preocupante del número de incidentes provocados por el uso inadecuado de magia en todo el mundo, y dada la situación, viéndonos incapaces de contener la escalada de violencia sistemática, hoy, señoras y señores, les anuncio la creación del Oficio Elemental y de la prohibición absoluta del uso de magia hasta que la creciente amenaza sea detenida.

      El rostro de George Allen se ensombreció ante la confusión que se apoderó de la sala. El resto de sus acompañantes en la mesa mantenían un gesto serio. Coraline giró la cabeza, buscando a Adam; sus ojos brillaban con asombro. Parecía un niño pequeño que no entendía muy bien lo que le estaban diciendo.

      ― Como habrán advertido, dada la presencia de mis homónimos de las principales administraciones del mundo ―estiró los brazos y miró a izquierda y derecha―, hoy será un día importante. Anoten esta fecha como el día en el que el Oficio Elemental comienza su andadura en pos de exterminar el uso indebido de magia en el mundo entero.

      Durante un instante, la sala al completo enmudeció. Después reinó la algarabía.

      ― ¿Policía anti-magia? ―dijo Roy―. Me parece que ya no vamos a tener que ir a Hyde Park. Con esto vamos a tener semanas y semanas de programación cubierta.

      ― ¿Pueden prohibir el uso de magia? ―farfulló Coraline.

      Adam estaba boquiabierto; no movía uno sólo de sus músculos. Su mirada estaba concentrada en la cámara, que enfocaba a George Allen, quien con las manos trataba de tranquilizar los ánimos y retomar el control.

      ― ¿Qué labor tendrá el Oficio Elemental? ―gritó una voz de las primeras filas.

      ― El Oficio Elemental perseguirá y castigará el uso inadecuado de esencias mágicas.

      ― ¿Castigará?

      ― ¿Con qué autoridad?

      ― ¿Quiénes formarán el Oficio Elemental?

      Varias voces peleaban por ser la siguiente pregunta contestada.

      ― Calma; por partes. Todas las preguntas serán contestadas ―dijo Allen para organizar a los ansiosos periodistas. Levanten la mano e iremos resolviendo las cuestiones una a una.

      Siguiendo sus indicaciones, unos cuantos de los presentes alzaron su brazo.

      ― Usted primero ―dijo George Allen, señalando a una mujer con gafas de la primera fila.

      ― Tenía entendido que la compra de esencias, aunque cara, era libre. ¿A partir de ahora dejarán de comercializarse? ¿Cómo es posible? ¿Van a retirar todas del mercado?

      ― A esa pregunta les contestará la señora Taylor ―respondió Allen, invitando a Joyce Swan a hablar.

      Casi en un movimiento conjunto, todas las miradas se posaron en la CEO de Ad Infinitum.

      ― Usando la mecánica de contención que actualmente se emplea para comprimir y contener esencias ―su voz sonaba segura y confiada; creía firmemente en cada una de sus palabras―, todas las que ahora mismo se encuentran en el mercado serán retiradas y liberadas, volviendo así a su estado natural, inofensivo e inservible. Ad Infinitum limitará la producción de la tecnología de contención al uso exclusivo del Oficio Elemental.

      Los periodistas miraron con asombro a Joyce e inmediatamente se levantaron varios brazos.

      ― Usted ―dijo Allen, señalando a un hombre tremendamente obeso del lado derecho de la sala.

      ― ¿El Oficio Elemental detendrá los crímenes mágicos usando magia? ―preguntó.

      ― Así es ―contestó Allen―. La única forma de detener a aquellos individuos que se sirven de la magia para cometer delitos es mediante el uso de la misma. De otra forma, los integrantes se verían en condiciones de inferioridad y eso podría tener consecuencias fatales para el objetivo final, que no es otro que erradicar el problema.

      George Allen señaló con el dedo a otro hombre.

      ― ¿Quiénes formarán el Oficio Elemental?

      ― El Oficio Elemental, coordinado regionalmente por divisiones y supervisado por las administraciones de magia en cada país que se lleve a cabo una operación, estará integrado por miembros del Instituto HADA y de Ad Infinitum. Usted, pregunte ―dijo Allen, ofreciendo el turno a una mujer.

      ― ¿Con qué autoridad y quién pondrá los límites a las actuaciones de los miembros del Oficio?

      ― Con la autoridad necesaria ―respondió Allen―. Todas las administraciones de magia gozan de la aprobación de los gobiernos de sus respectivos países. Los equipos de gobierno del mundo están al tanto de la creación del Oficio Elemental y de la importancia de sus objetivos.

      ― Es esencial que la autoridad del Oficio Elemental sea absoluta para erradicar el problema al que nos enfrentamos ―añadió Sergey Vasiliev, el Director de la Agencia Federal Rusa. Tenía una voz potente, pero su inglés estaba definido por un notable acento ruso.

   ― Así termina la libertad ―murmuró Cora.

      George Allen señaló a un hombre que se sujetaba el brazo alzado con la mano del otro brazo.

      ― ¿Y qué ocurrirá cuando la amenaza sea eliminada?

      ― El Oficio Elemental será disuelto y se reestructurará la gestión de esencias mágicas ―respondió Allen.

      ― ¿La población volverá a tener acceso al uso de magia? ―preguntó el mismo hombre.

      ― Depende ―se apresuró a decir Allen―. Tenemos que estudiar nuevas medidas de organización y escuchar la opinión del resto de administraciones.

      Lau Kwan y Hideo Tetsuo, representantes de las administraciones de magia de China y Japón asintieron al mismo tiempo.

      ― Su turno ―dijo George Allen, haciendo un gesto con la cabeza a una joven periodista.

      ― ¿Hasta dónde están dispuestos a llegar para solucionar la ola mundial de crímenes?

      ― Hasta donde haga falta. Hemos llegado a una situación insostenible y como culpables indirectos debemos actuar con contundencia ―Añadió, señalando a un hombre.

      ― ¿Qué tipo de personas formarán parte del Oficio Elemental?

      ― ¿Audrey? ―murmuró Allen, girando la cabeza hacia el extremo izquierdo de la mesa.

      La Doctora Allaire sonrió tímidamente; parecía nerviosa. Lo más probable es que fuesen sus primeras palabras en público ante una sala tan concurrida.

      ― El Oficio Elemental estará integrado por profesionales que se han dedicado al estudio de la magia durante al menos diez años. Solo podrán acceder los mejores y más experimentados en el campo ―Audrey hizo una pequeña pausa para llevarse el vaso de agua a los labios y humedecer garganta y lengua―. Que el Instituto HADA participe en la iniciativa es una garantía de experiencia.

      ― Usted, pregunte ―dijo Allen, señalando a un hombre.

      ― ¿No creen que un anuncio de esta índole desembocará en un aumento de la violencia?

      George Allen dirigió su mirada hacia Thiago Valadao, Director del Instituto Elemental de Brasil, y su movimiento fue acompañado por el del resto de los presentes.

      ― Con efecto inmediato, el Oficio Elemental comenzará su labor en servicio de la magia y de su buen uso ―en su inglés apenas había rasgos que denotasen su origen brasileño―. No se tolerará ni un minuto más que algo tan puro como las esencias mágicas se utilicen para crear caos.

      ― Ahora mismo se están llevando a cabo las primeras operaciones de control y restauración ―quiso añadir Allen a la respuesta de Thiago Valadao.

      Coraline Johnson alzó su brazo y se unió al resto de periodistas que tenían intención de hacer una pregunta.

      ― Adelante ―indicó Allen a una mujer con el pelo rizado sentada en el centro de la sala.

      ― ¿Cuánto cuesta el Oficio Elemental y quién o quiénes lo están financiando?

      ― Audrey ―dijo Allen mirando a la mujer del extremo derecho (según la perspectiva de los medios) ―, ¿me permites contestar?

      Puede que Allen tuviese un afán excesivo de protagonismo, pero la joven Doctora asintió encantada. Al contrario que el Director de la EMA, prefería pasar desapercibida en la medida de lo posible. 

      ― Dado que más del cuarenta por ciento del presupuesto es capital privado, y que sus inversores prefieren mantener su nombre en el anonimato, no podemos revelarles cifras concretas. Pero puedo asegurarles que cada una de las agencias de magia hoy aquí presentes harán aportaciones mensuales provenientes de sus presupuestos. La inversión ha sido y será fuerte, pero la situación es límite y hay que actuar antes de que se nos vaya de las manos. Estableceremos las bases necesarias para que futuras generaciones puedan disfrutar de lo que nosotros no hemos sabido disfrutar.  

      Satisfecho con su respuesta, George Allen se apoyó en el respaldo de su silla mientras señalaba a otro periodista.

      ― Si ahora mismo se están llevando a cabo operaciones, ¿cómo es posible que no se haya sabido nada del Oficio Elemental hasta hoy? ¿Y desde cuándo lleva en marcha?

      Allen dio un trago a su vaso de agua.

      ― Nos hemos encargado de que el programa se desarrollase en estricta confidencialidad. ¿Por qué? Bueno ―el Director de la EMA se encogió de hombros―, nos pareció contraproducente desvelar información que podría perjudicar al buen hacer y a los objetivos futuros: no queríamos crear falsas esperanzas. Hemos buscado evitar filtraciones y optamos por mantener la misma política hasta el día de hoy; se ha trabajado con el personal indispensable y con severas cláusulas de silencio. Que el Oficio Elemental germinase y madurase en diferentes países de forma independiente nos ha ayudado a que no se hiciese público.

      Tras la respuesta, los brazos de los periodistas volvieron a alzarse. Con la cabeza, sin articular palabra, Allen concedió el turno a una mujer de las primeras filas.

      ― ¿Desde dónde se coordina la acción mundial del Oficio Elemental?

      ― La EMA ha puesto a disposición del Instituto HADA y de Ad Infinitum, así como del resto de administraciones de magia que lo estimen oportuno, varios pabellones dentro de su recinto. Pero como gracias al uso de magia los miembros del Oficio se pueden desplazar a cualquier parte del mundo en segundos, no es más que un punto de referencia simbólico.

      Ancel Silberschatz, Director de la Agencia Americana de magia, se aproximó a George Allen y le susurró algo en el oído. En respuesta, él miró su reloj de pulsera.

      ― Al fondo, usted ―dijo Allen, apuntando hacia un hombre al final de la sala, próximo a Roy.

      ― ¿Por qué ahora? Desde que se descubrieron las esencias y se empezó a utilizar magia, siempre ha habido crímenes.          

      A duras penas se escuchó su voz en el otro extremo de la sala de conferencias.

      ― Perdone, pero desde aquí no le hemos escuchado. ¿Podría alguien acercarle un micrófono?

      Inmediatamente, un chico joven en el que nadie se había fijado entregó un micrófono aun periodista de la última fila para que viajase de mano en mano hasta llegar al hombre que tenía el turno de palabra. El resto de periodistas aprovechó el receso para ordenar las notas que habían tomado. Mientras tanto, en la mesa que aunaba todas las miradas segundos antes, los directivos cruzaron miradas e  intercambiaron algunas frases que los micros no captaron.

      ― ¿Ahora? ¿Se me escucha? ―probó el micro el periodista.

      ― Perfecto. Adelante ―respondió Allen.

      ― Preguntaba por qué se ha decidido restringir y prohibir el uso de magia ahora. Siempre ha habido crímenes por culpa de la magia desde que se descubrió.

      ― Todo tuyo ―dijo Allen, echándose hacia atrás.

      En seguida, Ancel Silberschatz tomó la palabra.

      ― Desde el albor de la Humanidad nos ha interesado la magia. Somos una especie curiosa, es algo innato en nuestra naturaleza, y siempre hemos querido ir más allá, buscando respuestas a preguntas incontestables. Antes no era posible más que en los cuentos, pero ahora, bueno, más bien durante las últimas décadas, se han dado las condiciones ideales para poder alcanzar uno de nuestros más ambicionados sueños. Actualmente contamos con el conocimiento, la tecnología y los medios necesarios para conseguirlo. Y, siendo así, ¿por qué no íbamos a intentarlo? Creímos que la humanidad sería lo suficientemente responsable como para que se le permitiera usar las esencias. En un principio, su uso era muchísimo más restrictivo de lo que es hoy y no iba mal, pero fuimos abriendo el abanico para que más gente pudiera disfrutar de la magia en su día a día y la situación ha terminado por colapsarse. Queremos terminar esta etapa  y volver a empezar ―Ancel hizo una pausa y recorrió con la mirada la sala de conferencias de un lado a otro―. Una vez que el Oficio Elemental consiga controlar la magia restante, solo nosotros tendremos la llave para iniciar una gestión óptima y mucho más adecuada de las esencias; tenemos que pensar también en las futuras generaciones. ¿Quién sabe de lo que serán capaces dentro de cien años nuestros descendientes si les servimos un uso eficiente y no destructivo de la magia? El Oficio Elemental es un punto de partida que nos permitirá enmendar errores pasados. Nuestro objetivo es establecer una línea dura de actuación y concienciar a la población de que la magia no es algo que se pueda usar sin consecuen...

      Parecía un discurso ensayado frente al espejo decenas de veces, pero se vio interrumpido por un inoportuno apagón. La sala se quedó a oscuras, solamente iluminada por los pilotos rojos de las cámaras apostadas junto a la puerta y algunos aparatos, como el pequeño monitor portátil de Roy.

      ― ¿No hay luces de emergencia? ―preguntó Roy sin perder de vista la pantalla del televisor, donde volvía a aparecer en imagen el presentador trajeado.

      Cora se encogió de hombros en la oscuridad.

      ― Parece que no.

      ― Realización ―se comunicó Roy―, se ha ido la luz de la sala.

      El murmullo intranquilo que se extendió precedió a un enmudecimiento absoluto cuando la estancia sumida en la penumbra se iluminó gracias a las refulgentes llamas anaranjadas de una inmensa serpiente de fuego que se arrastraba por el techo.

      ― ¡Dios! ―exclamó Adam.

      ― ¡Sigue grabando, Adam! ―vociferó Roy―. ¡Algo ocurre, Realización! ¡Volved aquí, ya!

      El hombre fijó su mirada en la pantalla, donde casi de inmediato pudo ver cómo la serpiente de fuego recorría de un lado a otro la sala. El grueso de periodistas entró en pánico y muchos gritaron asustados. Una parte se levantó e intentó salir, pero el pasillo estaba bloqueado por las cámaras y las puertas parecían cerradas.

      La flamígera serpiente trazó un par de círculos y se detuvo sobre la alargada mesa de los conferenciantes. De pronto, una voz errática y profunda pudo escucharse con absoluta claridad:

      ― Magia libre.

      Lo último que pudo verse en pantalla antes de que la señal se perdiera fue un estallido de fuego que bañó la sala de conferencias con una ola abrasadora. 

 

 

Juanjo De Goya

Twitter: @jjdegoya

Instagram: jjdegoya

     

 

 

 

 

 (318)    (6)    2

  •  Comentarios ( 2 )
Felix Esqu...
 Felix Esquite
Excelente volver a leerlo. Lo recuerdo cuando aparecio en aquella revista hace muchos años. Recorde mi adolescencia.
Juan Díaz
 Juan Díaz
Relato interesante, dinámico y muy bien descrita la trama. Valdría para una novela
Su comentario ha sido enviado con éxito. Gracias por comentario!
Deja un comentario
Captcha
Comentarios de Facebook