Relatos 2020: Jorge D Alonso Curiel con "Nuestros sueños en la niebla"

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  Relatos 2020

 

 

 

          Nuestros sueños en la niebla

     Por Jorge D. Alonso Curiel

 

 

Abrí los ojos. Tuve la sensación aquella mañana de haber dormido cien años seguidos sin interrupción. Encendí la luz de la mesilla y vi que eran las once. "Ha vuelto a suceder", pensé. Tenía la certeza de que había vuelto a ocurrir.

De repente, el timbre de la puerta comenzó a sonar sin parar, y le acompañaban golpes histéricos en ella. Me levanté rápido y abrí. Era Julia que me miraba asustada, y me abrazó temblando.

–¡Ha pasado de nuevo, mi vida! –exclamó.

Cerré la puerta y fuimos al salón. Subí la persiana y miré la calle a través del ventanal.

–No sé qué está sucediendo, pero esto ya es demasiado extraño, ¿no crees? Esto no hay quién lo entienda... –me dijo.

Encendí un cigarro y Julia volvió a abrazarme. En la calle no circulaban coches ni autobuses, y las pocas personas que había, hablaban entre ellas con aspavientos, muy nerviosas.

–¿Pero qué nos están haciendo, Jaime? ¿Qué está pasando?

–No tengo ni idea, corazón, pero esto no puede continuar así...

Encendí la televisión y la miramos de pie muy atentos. La presentadora del Telediario, con un gesto descompuesto y sin maquillar ni peinar y vestida con una blusa blanca arrugada, aseguraba que la situación era muy preocupante:

–...con esta es la tercera vez que ocurre en un año y nadie tiene ninguna explicación. Ningún gobierno puede explicarnos su origen y quién lo está causando, y ya, hoy, hemos entrado en un estado de total alarma...

Nos levantamos y fuimos a la cocina a prepararnos algo de comer. Teníamos un hambre terrible.

–¿Desde cuándo estás despierta, Julia? –le pregunté.

–No más de media hora. Después de hablar un rato con mis padres, he venido corriendo hasta aquí.

–¿Pero es posible que hayamos estado otra vez durmiendo una semana? ¿Que nos hayan dormido de nuevo toda una semana?

–Pues parece que ha vuelto a pasar...

–Yo tenía una entrevista de trabajo el lunes anterior.

–Supongo que te escribirán para citarte otro día. Pero eso no es lo más importante ahora, cariño.

–La noche del domingo me acosté pronto como te dije para estar fresco para la entrevista, y no pude ver, entonces, esa niebla que aparecería de repente, como en las otras dos ocasiones que me pilló en la madrugada cuando volvía a casa de estar en los bares...

–Lo peor es que se repita, que haya una cuarta o una quinta vez en que nos dormirán a todos otra semana y no sé con qué intención... ¡Están jugando con nosotros, Jaime! ¡Al final van a acabar con todos nosotros!

–Y ningún país aclara nada. ¡Qué inútiles! Ninguna potencia reconoce ser el causante de esta niebla. Pero ¿qué quieren?

Volvimos al salón y nos sentamos en el sofá con los bocadillos y una botella de gaseosa. La presentadora seguía hablando, sin dejar de mirar directamente a la cámara:

–...las grandes potencias siguen sin aclarar la situación. Ni China, ni Estados Unidos, ni Francia, ni Alemania, ni el Reino Unido, ni la India saben decir qué es esto, y todos desconfían de todos, elucubrando planes secretos de alguna de ellas para atacar a las demás y controlar el mundo. Pero es que si hacemos caso a sus declaraciones públicas, las cuales aseguran que no saben absolutamente nada, hay que pensar ya, aunque parezca descabellado, en la probabilidad de que esta niebla, que ha atacado en tres ocasiones en los últimos 365 días, podría tener un origen no terrestre. De todas maneras, después de este último ataque, la tensión se prevé insostenible entre las potencias, y el futuro es más que inquietante. Tras los dos sucesos anteriores, y sin haberse encontrado una solución ni un entendimiento en las conversaciones que han tenido los mandatarios mundiales, se teme mucho que no volverá a celebrarse ninguna más. Las naciones creen que nadie está siendo sincero, y la situación puede convertirse en una pesadilla. Esta pasada semana el planeta entero volvió a padecer una nube narcotizadora en la que solo el sol, la luna, la noche y el día siguieron sus cursos normales y cotidianos...

Nos levantamos de nuevo y miramos por el ventanal mientras nos encendíamos un cigarrillo. Ya algún coche circulaba por la calle.

–Si el mundo ya estaba congestionado antes de la primera niebla de febrero, imagínate ahora, mi niña... –le dije.

–Antes de la primera niebla, el mundo ya era un asco. Pero la culpa la tenemos nosotros, no se te olvide –me aseguró–. A casi todos los gobiernos han llegado y llegaron políticos impresentables, auténticos criminales y psicópatas, políticos que son todo fachada y falsedad, dictadores enmascarados que solo han regalado beneficios a los más pobres y a los más ricos para tenerlos contentos y tener su voto cada vez que lo necesitan. Sátrapas que han levantado muros racistas y xenófobos en las fronteras; dirigentes que han empezado guerras ilógicas en todas las partes del mundo con la única intención de usurpar los bienes ajenos; jefes de estado que no han tenido ni la más mínima consideración con la naturaleza a la que están arrasando, y que han suprimido libertades básicas de todo tipo y que han implantado de nuevo la tortura, la pena de muerte y la encarcelación por los más mínimos asuntos... ¿Y ahora qué nos espera, mi amor?

–Pero nosotros los hemos votado. Esto es la democracia.

–¡Pues viva la democracia! No nos quejemos de ella entonces.

Sonó mi móvil y vi que era mi madre, pero no quise contestar. No aguantaba a mi madre. Quería ducharme y nos metimos juntos en la bañera. Nos sentíamos tan preocupados y compungidos que ni nos tocamos.

Después de secarnos, volvimos al sofá. A la presentadora ahora le acompañaba otro periodista que estaba sentado a su lado.

–Ya hay que pensar en otros asuntos, sí; no queda otro remedio. Si es verdad que los gobiernos no saben qué diablos ocurre, hay que tomar en serio, por qué no, otras explicaciones. Quizá haya que creer, como dicen ciertas voces, que Dios, la divinidad, esté haciéndolo porque no le gusta nada el rumbo que está tomando nuestro planeta; o la propia naturaleza que está harta de nosotros y ha decidido atacarnos; o que una civilización extraterrestre sea los dueños de esta niebla que nos anestesia durante una semana. Y si es Dios, pues habrá que entender su señal. Y si son los extraterrestres, habrá que comprender para qué lo están haciendo. Hay posibilidades de sobra de que otros seres existan en otras constelaciones, eso no lo podemos ocultar. Estamos casi en el año 2028, no estamos en la Edad Media, y lo que debemos encontrar es una explicación científica a lo que sucede. La primera niebla fue en febrero, la segunda en julio y esta ha ocurrido a mediados de diciembre, antes de una Navidad que se prevé convulsa. ¿Por qué no pensar que estos tres hechos han sido solo señales por parte de nuestro creador o creadores para avisarnos de que, si no se cambia el rumbo, lo peor está por llegar? ¿O se trate de una advertencia con la que se nos quiere decir que la vida va a ser exterminada por algún motivo que desconocemos? ¿O avisos para que abandonemos este planeta, y que los pocos que puedan hacerlo lo hagan? Quién sabe... Estamos inmersos en la mayor de las dudas. Pero lo que hay que hacer es tomar decisiones...

–¿Crees que no está lejos el sueño definitivo, la desaparición de la vida en este planeta? –preguntó la presentadora a su compañero.

–Pues no lo sé –dijo el hombre–. Quizá se trate, como ya has dicho, de advertencias...

No quise seguir escuchando y apagué la televisión. Me vestí y bajamos a la calle. Hacía mucho frío y el cielo estaba cubierto. Caminamos abrazados.

–Ocurra lo que ocurra, Jaime, no me dejes sola, ¿lo prometes? –me preguntó.

–Por supuesto, Julia.

Continuamos paseando. Fuimos dejando atrás varios supermercados en los que cientos de personas estaban vaciando las estanterías por miedo a lo que pudiera suceder. El pánico se había implantado definitivamente entre la población.

Pronto los acontecimientos sucedieron, no tuvimos que esperar mucho. El mundo se dejó llevar por una ola de enajenación.

Ese mismo febrero de 2028 comenzó la guerra entre dos claras potencias y los muertos fueron incontables. Se arrasó con miles de ciudades, y las repercusiones en la naturaleza fueron también desoladoras. Pero por suerte, sí, por suerte, los primeros días del mes de abril de ese año, la niebla volvió a aparecer de madrugada. Y esta vez lo hizo para siempre. Nos sumió a todos con su densidad, que fue mayor esa vez, y con su perfume agradable y dulzón en un sueño del que jamás pudimos despertar. En un abrir y cerrar de ojos, y siendo capaz de traspasar cualquier muro y cualquier fortaleza, la vida en la tierra desapareció.

Ahora, todos, todas las almas que estuvimos en ese mundo, vagamos hacia no sabemos dónde por una bruma sanguinolenta y encarnada. Una riada de millones de almas exhaustas, temblorosas, llenas de dolor, llanto y miedo avanza por este lugar que parece un limbo infinito e intemporal. Lo bueno es que camino al lado de Julia, sin dejarla de abrazar ni un instante, cumpliendo la promesa que le hice de que siempre cuidaría de ella.

De lo que haya sucedido en la Tierra o esté sucediendo, no tengo noticias. Y creo que ya nunca las tendré.

 

 

Twitter: @JDAlonsoCuriel

Facebook: https://www.facebook.com/jorgedavid.alonsocuriel

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