Relatos 2020: Dominique Elfman con "La boya"

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  Relatos 2020

LA BOYA

por Dominique Elfman

 

Versión ampliada de un microrrelato del mismo nombre publicado en agosto de 2015 por Ediciones de Letras

 

Llegaban a la boya de invasión las últimas naves. La actividad comenzaría a ser frenética en pocas horas, cuando las estrellas lo aconsejaran. Habían navegado todos en línea recta con destino a la boya, ahorrando el tiempo posible y cuidando de mantenerse invisibles.

Con sus trajes de batalla azules, tripulación y mandos compartían el optimismo sobre esta nueva campaña, tan parecida a otras anteriores, de las que habían sacado tan grandes botines y en las que habían sufrido tan pocas bajas.

El método era el mismo de siempre y a estas alturas no cabía dudar de su eficacia. Llegado un punto, realmente daba igual abordar al enemigo en una u otra fecha, contar con amplia o escasa ventaja numérica, encontrarse calma o tempestad. El brutal factor sorpresa de aquel rosario de naves siempre dejaba estupefacto y bloqueado al enemigo, que raramente daba señales de una mínima reacción en el poco margen de tiempo del que disponía. El golpe era siempre como el de un pesado martillo manejado por una mano fuerte y experta.

El centinela hacía balance de la situación como tantas otras veces, botella en mano y escuchando cánticos al fondo:

“La travesía ha sido larga esta vez, y el número de naves mayor que nunca, ya perdí la cuenta y me empezaba a cansar ya de esperar a las últimas, ¡qué impaciencia!”

“Eres un quejica, ha sido una temporada tranquila, un viaje con las bodegas llenas y sin mayores incidentes”

“Es verdad, ya sabes que otras veces nos asaltan a medio camino y nos retrasan”

“No sólo nos retrasan ¿eh? Que cuando no estamos todos pegados a la boya y nos podemos organizar como debe ser, las pasamos canutas para resistir ataques”

“Como decía aquel Capitán, ¿recordáis? ‘¡Elegid bien la ruta y navegad rápido! ¡No hagáis que tengamos que defendernos, eso no lo sabemos hacer! ¡Hay que llegar como sea al momento del ataque!’. Eso era cosa suya, como si eligiéramos nosotros dónde y cuándo empezar otro abordaje”

“Bah, no hay problema, con cada victoria nos hacemos más ricos, poderosos y temidos, esto no es como cuando empezaron las primeras naves y lo de la boya no se aprovechaba tan bien como ahora. Yo creo que ya no nos volverá a atacar nadie de camino a una nueva campaña”

“Las estrellas te oigan. Ha costado llegar aquí, ha habido que hacer muchos abordajes lejanos para evitar las rutas más frecuentadas y peligrosas. El truco fue poner boyas mucho más lejos que otros y gracias a eso…”

El truco de las boyas se basaba en estar ubicadas en posición desde hacía mucho tiempo, lo suficiente para que las víctimas se hubieran acostumbrado a ellas, lo suficiente para que, a pesar de no entender para qué servían, su curiosidad se hubiera apagado ya. No estaban ocultas, no eran nada discretas, y sus propiedades secretas hacían que fueran un puente perfecto para concentrarse y preparar los asaltos y abordajes.

“Ya sé que hay miles perdidas bajo las estrellas, pero ésta… ¿cuánto tiempo llevará aquí flotando?”

“Mucho, mucho, no sabemos ya ni cómo la pusieron, estamos tan lejos… Lo raro es que, con la poca vigilancia que se puede hacer, no haya habido nadie que destruya o retire estas boyas tan remotas, al menos que se sepa”

“Nada, nada, ya sabéis lo que pasa. Es lo que nos pasa a todos, nos acostumbramos y hasta terminamos creyendo que si la quitas pasará algo malo”

“Eso es, se convierte en parte del paisaje y solo la mira el que quiere verla. Parece mentira pero tenían razón en las arengas, cosa tan grande y aparatosa como es, se vuelve invisible”

“¿Sabéis lo que me dijeron una vez? Que en algunos lares hasta les ponen nombre”

“¿Nombre? Venga ya, eso es el colmo.”

“Que sí, que sí, algunas quedan tan bien puestas que tienen casi poder hipnótico, subiendo y bajando, apareciendo y despareciendo, y llama la atención tanto que hasta las ponen nombre. Déjame que vaya a preguntar, que alguien me ha dicho cómo creemos que llaman a ésta”

Este miembro de la tripulación de una de las innumerables naves de asalto no tuvo casi tiempo de ir a saciar su curiosidad. Preguntó pero no pudo continuar la conversación. Empezaba el movimiento y todos tenían que ponerse en posición. Las luces intermitentes, señal acordada que transmitía de nave a nave un silencioso mensaje que ya estaban todos acostumbrados a interpretar, indicaban a qué punto había que llevar la preparación de armas, aparejos, timones y posición de cada tripulante con exactitud.

La eficiencia le daba la costumbre; la confianza, los éxitos pasados; la discreción, la boya.

El método era casi infalible, ya no hacía falta ni siquiera una excesiva organización de aquella infinidad de naves al abordaje. Habían aprendido a no interferirse entre ellas, a que el fuego amigo no causara bajas entre compañeros, y eso era ya suficiente.

Siempre se encontraban con unos enemigos sorprendidos hasta la parálisis, sobrepasados numéricamente, con la esperanza en poder resistir  perdida desde el primer minuto.

El truco era elegir las boyas en las que la víctima no hubiera decidido hacer nada, evitar aquéllas alrededor de las que el enemigo tenía cualquier rutina. Una boya tenía que servir de parapeto, de discreto punto de encuentro, para poder activarla y desatar su poder distorsionador a la vez que lanzarse desde ella causando el devastador efecto de anunciar una derrota inevitable.

El enemigo se hacía sistemáticamente, en un caso tras otro, y con la misma sorpresa, idénticas preguntas.  ‘¿Nos atacan por la boya? ¡No puede ser! ¿Cómo no lo entendimos antes? ¿Cómo es que no nos hemos preparado justo contra esto? ¿Cómo no hemos tenido vigilancia constante sobre lo que había detrás de ella? ¿Hemos estado ciegos todo el tiempo?’ Era factor clave para la victoria que el enemigo se hacía consciente instantáneamente de su imprevisión, se sentía culpable por su incompetencia, se sabía débil e ignorante de repente. Con escasa capacidad de reacción, caía de inmediato.

Sonó por fin el estruendo del desamarre, la atronadora trompeta del infierno que sobrecogía a la víctima, los impresionantes tambores de guerra que aturdían al enemigo. El misterioso origen era la propia boya, que había cambiado de color y empezado a girar gracias a la energía cinética almacenada durante toda su vida, forzosamente estacionaria, y liberada ahora en secreto ritual. Dejando de consumir esa energía en hacer de escudo, con un comienzo lento pero poderoso, su velocidad de rotación creció y creció, y se desató su poder oculto, magnético, casi mágico, tan inesperadamente que zarandeó terriblemente la moral del enemigo. Despertó en ellos un miedo atávico, despertó a su alrededor una poderosa tormenta magnética, desarmó casi todas sus defensas de un plumazo, arrancó sus fuerzas y sembró la desesperación.

Cruelmente, al mismo tiempo y para convertir el miedo en pavor, cientos de naves se pusieron a la vista del enemigo a toda velocidad, en una precisa sincronización pero horrenda desorganización, mostrando su ansia de combate, su feroz poder, su superioridad incontestable.

No quedaban más allá de unas horas de vana y débil resistencia para celebrar una victoria más, para que una boya más hubiera cumplido impecablemente su misión y las naves pudieran hacerse con todo lo que allí hubiera de valor.

“¿Lo veis como yo? Nos acercamos a toda velocidad y no hay reacción alguna, esta vez también saldrá todo perfecto. Nadie viene hacia nosotros, aquí también están ahora mismo horrorizados mirándonos. No sabremos si tenían mejores armas que nosotros o si guardaban algún secreto del que debiéramos habernos preocupado. Como decía aquel Comandante: ‘Muchos ni querrán defenderse siquiera’. Magia, compañeros, la magia de la boya”

“Oye, ¿cómo decías que habían llamado a ésta? No soy capaz de acordarme, estas lenguas extranjeras…”

“Ah, sí, espera, me lo han dicho hace un rato en medio de las órdenes de ataque… ¿cómo era? ¡Compañeros¡ , ¿No os acordáis ninguno?”

“¡Sí, yo lo recuerdo! ¡LUNA!“

 

Dominique Elfman

Facebook: https://www.facebook.com/dominique.elfman

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