Relatos 2020: Arantxa Serantes con "Salman Longlander y el descubrimiento del Skyfarer "

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  Relatos 2020

Salman Longlander y el descubrimiento del Skyfarer por Arantxa Serantes

(Ilustración en 3D: Manuel Gutiérrez Gómez)

Podría sonar poético, un lugar llamado Nova Alexandría. Imaginemos aquel antiguo faro y biblioteca reconstruidos, haciendo honor a aquella antigua civilización, pero empleando una tecnología más precisa. Los zeppelines, globos aerostáticos y neonaves surcaban los cielos de Novalis, la capital de aquella singular tierra. Los ciudadanos se clasificaban en tres sectores: Steamers, elementalistas e hijos de la luz, también llamados prismas por su elevado grado de perfección.

Pero Akmet, el primer Shabda, deseaba un conocimiento superior y con sangre y fuego, se produjo una revuelta que hizo arder la biblioteca y con ella a los padres de Hannah Amura. La tecnocracia ocultaba una magia tan oscura como poderosa. Por eso, la vida de Hannah, nunca fue la misma. Con la ayuda de Kiran, jefe de máquinas y viejo lobo de mar, aprendió a gestionar el legado familiar: Un astillero de neonaves. Misteriosas estancias y almacenes a los que llegaban mercancías y en las que se testaban artefactos con materiales de antiguas eras humanas o lo que había quedado de ellas.

Hannah había adiestrado su mente y su espíritu para controlar el éter, alquimia y mecánica. Mediante su pensamiento podía dirigir las máquinas que construía. Por eso ella también estaba en el punto de mira. Uno de sus inventos más ingeniosos, fue el ensamblaje de una gema roja en forma de corazón que colgaba de su cuello. Kiran se lo había entregado cuando era niña, como recuerdo de su madre. Ella la reconvirtió en una brújula de navegante.

El Senado de Novalis, bajo la apariencia de esplendor, tenía un líder que manipulaba las emociones y la energía vital de su pueblo. Todo estaba bajo su control. Un inusual registro en el puerto de neonaves estaba siendo objeto de su investigación. Hannah parecía ser la responsable, aunque en aquel momento ella se disponía a conocer los orígenes de aquel singular suceso. Para ello, se dirigió a una dependencia oficial de la autoridad naval. Un edificio colonial de filigranas doradas y grandes columnas de estilo clásico.

Mientras se orientaba y consultaba algunos informes, alguien parecía estar queriendo atrapar su mirada. Era Salman Longlander, vigía del Senado y gran estratega militar. Su carácter sigiloso y observador lo hacían ideal para aquella labor. Conocía a Hannah por sus inventos y siempre había tenido especial interés por aquella mujer, así que se acercó:

-¿Puedo ayudarla en algo, Hannah Amura?- dijo Salman

-¿Le conozco? – sentenció Hannah

-Yo a usted, sí. Soy vigía del Senado. Me pareció verla preocupada. Nunca la había visto por aquí en persona.

-Fíjese en esto, dijo mientras señalaba desde una pantalla táctil la ubicación precisa de la carga. Quiero obtener información sobre este registro.

-Estoy seguro de que podré averiguar algo más.

En aquellas dependencias, casi todo estaba automatizado. Los takers clasificaban y archivaban todas las informaciones que llegaban mediante números de serie encriptados. Salman se dirigió al sistema y rápidamente un holograma mostraba el origen y destinatario de un contenedor que no tenía contenido catalogado. El nombre de la responsable de aquella entrega había sido Mara Yimou, una pirata de aeronaves de Nubentir y el receptor, no era otro que Kiran Wildlake.

-¿Cómo era posible que Kiran no le hubiese dicho nada? Era una situación muy inusual - pensaba Amura.

-Extraño. El contenedor se alberga en el sector 8 de su astillero y por lo que acabo de comprobar, este se reserva a piezas reensambladas. Sin embargo no entiendo por qué no se especifica lo que hay en su interior –dijo Salman, que escrutaba las expresiones de Hannah, mientras albergaba el sentimiento de que algo grande estaba a punto de suceder.

Hannah salió de aquel sector y Salman le acompañó a la salida.

-Gracias por su ayuda, Salman –dijo ella.

-Desearía poder acompañarla a donde quiera que vaya –sentenció él.

Amura lo miró fijamente tratando de reconocer sus verdaderas intenciones. Justo después, ante su atenta mirada, sacó un pequeño artilugio mecánico. Un insecto volador, como si de un dron se tratase, que ella denominaba Skymbo.  Lo activó y grabó un mensaje de voz. Programó la ruta y destinatario y siguió su camino. Salman intuyó hacia dónde se dirigía. Sabía lo que tenía que hacer.

El puerto era un hervidero de mercancías que llegaban de todo el mundo. Las condiciones de vida en la tierra habían cambiado, porque la mitad de la tierra, había desaparecido bajo el agua. La era de los humanos estaba desapareciendo, al igual que sus obras, las cuales se rescataron tras el incendio y posterior revuelta pero seguían llegando por mar y aire.

Por fortuna, los steamers, viajaban por los distintos planos del multiverso. La creación de artefactos los hizo hábiles para el desarrollo científico, la recreación de transportes eficientes o sistemas de búsqueda y rastreo. El observatorio, que recreaba el Nautilus, en honor a aquellos descendientes de Julio Verne, era de lo más enigmático y laberíntico, casi nadie se había adentrado en las profundidades de aquel lugar destinado a genios curiosos e intrépidos.

Un hombre mayor, de barba blanca, con los brazos cruzados por detrás y uniformado, oteaba el horizonte. Amura había llegado al punto de encuentro y Salman, no se había quedado atrás y ataviado con una capa con capucha, vigilaba, tratando de pasar desapercibido.

-¿Kiran? ¿Qué está pasando en este sector? ¿Por qué no me cuentas de qué se trata? Sabes que el Akmet nos tiene en el punto de mira y no podemos cometer errores. Si hay algo irregular, lo descubrirán.

-Ha llegado el momento, Hannah Amura…  -afirmó Kiran.

Los ingenieros que lo acompañaban abrieron la puerta del hangar, aparentemente en desuso, pero con un sistema de seguridad avanzado. Había un aura de invisibilidad ejercida por un campo magnético. A simple vista, sólo había un espacio vacío.

-Despejando el aura –ordenó Kiran.

En un instante se abrió ante ellos la más hermosa neonave híbrida que cabría imaginar. Brillante, rápida y mortal. Diseñada para potenciar las habilidades de su futura capitana.

-Este es el legado que has recibido de tu casa. Sólo falta una pieza: TÚ. ¿Lo entiendes ahora? Tu verdadero destino es volar y deberás hacerlo muy pronto.

-¡Vayaaaaa! –exclamó Salman, que había estado presente durante toda la escena y no pudo evitar aquel grito de sorpresa.

-¿Y tú por aquí, Salman? –dijo Amura.

-No he podido evitarlo, Hannah.

Mientras tanto, aquel campo de fuerza no había pasado desapercibido para los guardianes del Senado. Detectaron la actividad y se dirigían hacia allá.

-Le recuerdo, Salman, que no podrá hablar de este asunto con nadie. Si lo hace, no tiene ni idea de las consecuencias que traerá consigo. Se lo advierto.

-Debemos marcharnos de aquí o nos descubrirán –continuó Amura.

-Esta noche debemos partir, Hannah. Confía en mí –dijo Kiran.

-Si me necesitas, cuenta conmigo Hannah -afirmó Salman, como esperando una respuesta de su interlocutora.

-De acuerdo, comandante Salman Longlander. Bienvenido a bordo del Skyfarer. Volveremos a vernos. Tendrás noticias mías.

Tras haber reactivado el campo de fuerza, Kiran se aseguró de ocultar el Skyfarer, para que los elementalistas, súbditos de Akmet, contra su voluntad recibieran el mensaje.

Cuando los guardias del Senado llegaron acompañados de una elementalista. Tras haber forzado el protocolo de seguridad del almacén, ordenaron a la elementalista que desbloqueara el aura de aquel sector y leyera los indicios.

-Lo que encuentre allí, sea lo que sea, destrúyalo. No podemos molestar a nuestro patriarca supremo Akmet, primer Shabda. Ya me entiende. Dependemos de su energía vital.

Aquella elementalista, esperaba con ansia volver a la vida. Anhelaba un mundo nuevo en el que los planos no estuviesen separados, por el tiempo o el espacio. Llegó a su mente un mensaje de Kiran, que como en un sueño, le mostraba la misión del Skyfarer y la posibilidad de cambiar el rumbo de la historia. Así que no cumplió las órdenes, en sentido estricto. Desactivó el aura, pero su poder hizo que ninguno de ellos pudiese adentrarse en su interior. Su decisión provocó que aquella misma noche la capitana Hannah Amura, el comandante Salman Longlander y Kiran Wildlike, como jefe de máquinas, embarcaran en el Skyfarer. Y esto era sólo el principio de un gran descubrimiento que comenzaba a despegar. Comienza la cuenta atrás…

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